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DIA DEL MAESTRO -'Lo que me llevé de la escuela es el amor de los niños': un homenaje con historias y reflexiones docentes
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DIA DEL MAESTRO -'Lo que me llevé de la escuela es el amor de los niños': un homenaje con historias y reflexiones docentes

En el marco del Día del Maestro, Mónica Zubeldía, Marina Olivera y Elsa Lucero fueron invitadas a un homenaje radial en representación de todos los docentes. La conversación recorrió diferentes momentos de sus trayectorias, desde la educación primaria y de adultos hasta la escuela secundaria, pasando por la pandemia, las necesidades de los estudiantes, la salud mental, las condiciones laborales y la defensa de la educación pública.


Lejos de limitarse a hablar de la tarea específica de enseñar contenidos, las tres docentes coincidieron en destacar una dimensión muchas veces invisible de la profesión: acompañar, escuchar, observar, detectar situaciones familiares, sostener a los alumnos y, en muchos casos, convertir a la escuela en uno de los pocos lugares donde un niño, un adolescente o un adulto siente que alguien lo está mirando y preguntando cómo está.


La educación de adultos: aprender desde la propia historia


Elsa Lucero, docente de educación de adultos, explicó que esta modalidad tiene una particularidad fundamental: quienes concurren lo hacen por decisión propia, muchas veces después de haber interrumpido sus estudios durante años.


'Generalmente nuestros alumnos son personas de muchísima edad y trayectoria en la vida, de experiencia en la vida, que por diferentes motivos no han podido concluir sus estudios primarios', explicó.


Para ella, trabajar con adultos implica partir de sus propias experiencias y de palabras vinculadas con su vida cotidiana: el trabajo, la libertad, el pan, la salud, la educación y la familia.


En ese proceso, el objetivo no es solamente enseñar a leer y escribir, sino brindar herramientas para que cada persona pueda desenvolverse con mayor autonomía.


Uno de los ejemplos que mencionó fue la posibilidad de que un adulto pueda firmar un contrato sin tener que poner el dedo, pueda escribir su nombre y pueda defenderse frente a alguien que pretenda engañarlo.


'Los maestros de adultos podemos enseñar, pero ellos nos enseñan a nosotros desde su experiencia', destacó Elsa.


La docente también puso en valor el trabajo territorial que realizan durante el año. En la modalidad de adultos existe una tarea de campo destinada a recorrer barrios y distintos lugares de la ciudad para conocer posibles alumnos, acercarlos a la propuesta educativa y saber por qué algunos dejaron de concurrir.


Es una modalidad que también contempla las particularidades de la vida adulta: el trabajo, el cuidado de hijos o nietos, las enfermedades, las dificultades económicas o la necesidad de realizar una changa.


'Hay una expectativa diferente del adulto que elige ir a la escuela', resumió.


Volver a estudiar para cumplir un sueño


Marina Olivera, docente de secundaria y vinculada además a SUTEBA, destacó que la educación de jóvenes y adultos también está presente en propuestas como FINES y CENS, destinadas a quienes buscan completar sus estudios secundarios después de haber tenido trayectorias educativas discontinuas.


En ese sentido, remarcó que detrás de muchos de esos estudiantes hay sueños que quedaron interrumpidos y que, años después, vuelven a ponerse en marcha.


Hay personas que llegan a terminar el secundario a edades muy avanzadas. El valor de esas experiencias, explicó, está precisamente en que muchas veces no se trata de una obligación, sino de una decisión personal: recuperar una meta que había quedado pendiente.


La escuela como mucho más que un lugar para aprender contenidos


Uno de los ejes más fuertes de la conversación fue la dimensión integral de la tarea docente.


Mónica Zubeldía, quien trabajó durante 14 años en la escuela primaria antes de desempeñarse como preceptora en secundaria y posteriormente jubilarse, recordó los cambios que atravesó el sistema educativo y las diferentes situaciones que tuvo que aprender a abordar durante su trayectoria.


Entre ellas mencionó la llegada de alumnos con diferentes discapacidades y condiciones, algo que la llevó a comprender la necesidad de una capacitación permanente.


'Me di cuenta que era necesario que nos capacitáramos en esos temas, me sentía como que me faltaba algo porque había que saber atenderlos', recordó.


Pero también habló de algo que considera todavía más profundo: el vínculo construido con los alumnos.


'Lo que me llevé desde mi paso por la escuela es el amor de los niños. Eso no te lo quita nadie', expresó.


Contó que, aunque siempre fue una docente seria y muy exigente con la conducta, al momento de la salida no faltaba el beso y el abrazo de cada uno de sus alumnos.


La experiencia, sostuvo, demuestra que poner límites y ser afectuoso no son cuestiones contradictorias.


'Si un chico no comió, no podés enseñar'


La pandemia aparece en las tres historias como uno de los momentos más difíciles y, al mismo tiempo, como una experiencia que permitió visibilizar muchas dimensiones del trabajo docente.


Las casas se transformaron en aulas, las habitaciones en espacios de enseñanza y los dispositivos tecnológicos se convirtieron en herramientas indispensables.


Pero no todas las familias contaban con las mismas posibilidades.


Hubo hogares con un solo teléfono para varias personas, familias sin conexión a internet, estudiantes que no podían descargar trabajos o comunicarse regularmente con sus docentes. En esos casos, el acompañamiento también implicó salir de la virtualidad, acercar actividades, recibir trabajos y mantener contacto con las familias.


La pandemia también expuso situaciones económicas y sociales muy complejas.


'Si un chico no comió no podés enseñar, o sea, primero tenés que ver que coma y después podemos empezar a hacer algo con ese chico', planteó Mónica.


Las docentes contaron situaciones cotidianas que muestran esa realidad: alumnos que llegaban sin desayunar, que no habían dormido porque acompañaban a sus madres, que cuidaban a sus hermanos o que incluso habían trabajado antes de llegar a la escuela.


Para ellas, esa es una parte del trabajo docente que muchas veces no aparece en las estadísticas ni en las discusiones públicas.


La escuela como refugio y espacio de escucha


Durante la entrevista surgió también una preocupación cada vez más presente en las escuelas: la salud mental de niños y adolescentes.


Las docentes remarcaron la importancia de la mirada cotidiana. El maestro, el profesor, el preceptor o cualquier adulto que trabaja en la institución puede advertir cambios en un estudiante que quizás pasan inadvertidos en otros ámbitos.


'Hay chicos que en el único lugar que son escuchados, que son vistos, que están calentitos, que reciben un plato de comida en una mesa, es en la escuela', señaló Marina.


Y agregó que, en algunos casos, la escuela es también el único lugar donde alguien pregunta simplemente: '¿Cómo estás? ¿Cómo andás hoy? ¿Buen día?'.


Esa mirada permite detectar situaciones que quizás en el ámbito familiar fueron naturalizadas.


Un cambio de conducta, un niño que reiteradamente se hace pis, un adolescente que responde con violencia, alguien que llega llorando o que cuenta que no comió durante días pueden ser señales que requieren una intervención.


La escuela puede entonces abrir una pregunta: ¿qué está pasando?


Y a partir de allí pueden intervenir las familias y otras instituciones, como los servicios de salud, para abordar una situación que no debería ser naturalizada.


Recuperar el valor de la palabra


Otro de los conceptos que atravesó el homenaje fue el respeto.


Las docentes plantearon que la escuela también tiene la responsabilidad de enseñar a convivir, de mostrar que los conflictos pueden resolverse de otra manera y que la agresión no puede convertirse en la única forma de relacionarse.


'Yo no te digo que me tenés que respetar porque yo soy más que vos. Yo te digo que acá nos tenemos que respetar porque somos personas', explicó Mónica al recordar cómo trabajaba ese concepto con sus alumnos de secundaria.


También reivindicó la posibilidad de que un docente pueda reconocer sus propios errores frente a los estudiantes.


'Me equivoqué', recordó haber dicho en más de una oportunidad.


Para las docentes, recuperar el valor de la palabra es fundamental en una sociedad donde muchas veces se naturalizan el maltrato, la descalificación y la agresión.


El rol del preceptor y una figura que falta en primaria


Durante la entrevista también se destacó la importancia del preceptor en las escuelas secundarias.


Según explicaron, el preceptor tiene una mirada diferente porque permanece durante buena parte de la jornada y puede conocer detalles de la vida cotidiana de los estudiantes que quizás no llegan a advertir los profesores que tienen contacto con ellos durante períodos más breves.


'Es un poco el alma, porque el preceptor es el que sabe todo', sintetizaron.


A partir de allí surgió una de las demandas compartidas por las docentes: la creación de la figura del preceptor en las escuelas primarias.


Mónica consideró que sería fundamental contar con ese acompañamiento, especialmente porque permitiría que el maestro no tenga que afrontar solo determinadas situaciones complejas que aparecen dentro del aula.


El reclamo por las condiciones laborales


La conversación también abordó el presente de la educación desde la perspectiva sindical.


Marina señaló que el debate no puede limitarse al salario docente. Para ella, hablar de educación implica hablar también de infraestructura, programas, proyectos, recursos y condiciones concretas para enseñar.


Las docentes cuestionaron el desfinanciamiento educativo y defendieron la concepción de la educación como un derecho social y una responsabilidad del Estado.


En ese marco, también criticaron la forma en que suelen utilizarse los resultados de evaluaciones estandarizadas como las pruebas PISA y Aprender para responsabilizar directamente a los docentes.


Marina sostuvo que los resultados deben analizarse teniendo en cuenta los contextos y las trayectorias educativas, especialmente después del impacto que tuvo la pandemia.


Las docentes insistieron en que un aula no está compuesta por alumnos idénticos.


'Entrás a un salón de 30 y tenés 30 particularidades, 30 situaciones, 30 familias, 30 niños', resumieron.


Por eso consideran que una evaluación estandarizada no puede explicar por sí sola la complejidad del sistema educativo.


Tres sueños para mejorar la escuela


Hacia el final de la entrevista, las tres fueron invitadas a imaginar qué cambiarían en el sistema educativo.


Mónica fue concreta: menos alumnos por curso y la creación del preceptor de primaria.


'Un maestro con 18, 20 alumnos haría maravillas adentro de una escuela', afirmó.


Pero también planteó una aspiración que, según reconoció, comparten muchos docentes: que el salario permita vivir de un solo cargo.


'Mi utopía sería esa: un buen sueldo como para poder dedicarse a eso, capacitarse y estar en una sola escuela', sostuvo.


Elsa coincidió y sumó una idea: espacios de escucha para los propios docentes.


Así como se insiste en la importancia de mirar y escuchar a los alumnos, consideró fundamental que los educadores también puedan tener momentos para pensar sobre su propia práctica, compartir experiencias y no sentirse solos.


Marina puso el foco en la salud mental de los trabajadores de la educación y en la necesidad de contar con espacios profesionales de escucha que estén contemplados dentro del sistema.


También reclamó horas institucionales remuneradas para que los docentes puedan planificar, corregir, preparar actos y realizar todas las tareas que actualmente muchas veces continúan fuera del horario laboral.


Y agregó un deseo ligado a la inversión educativa: volver a ver llegar computadoras, libros, impresoras y otros recursos a las escuelas públicas.


Recordó especialmente la emoción que provocaba en las escuelas periféricas recibir nuevos materiales y ver la reacción de los estudiantes.


El premio que llega muchos años después


Sin embargo, cuando se les preguntó por la recompensa de la profesión, las tres coincidieron rápidamente.


No hablaron de un reconocimiento económico.


Hablaron de los alumnos.


De encontrarlos años después en la calle y que todavía recuerden el nombre de su maestra, una clase, una anécdota o incluso las capitales de los países que aprendieron en la escuela.


También de las familias que, muchos años después, se acercan para decirles: 'Vos fuiste la maestra de mi hijo'.


Mónica recordó que incluso aquellos alumnos que más trabajo le habían dado durante su trayectoria eran muchas veces los que, al reencontrarla, le daban los abrazos más grandes.


Ese vínculo, explicaron, permanece.


Y quizás sea allí donde aparece una de las dimensiones más profundas de la docencia: enseñar algo que puede olvidarse con el tiempo, pero dejar una huella que permanece en la memoria de otra persona.


'No nos falta dignidad'


En el cierre del homenaje, Elsa Lucero dejó una frase que sintetizó buena parte de la conversación.


Los docentes, dijo, fueron formados para transitar un camino que parecía lineal, pero la realidad de las aulas los obliga permanentemente a adaptarse a nuevas situaciones, nuevas diversidades y nuevas necesidades.


Puede faltar capacitación, pueden faltar recursos y pueden existir múltiples dificultades.


Pero hay algo que, afirmó, permanece.


'Seguramente que a los docentes nos faltan un montón de cosas, pero no nos falta dignidad'.


En este Día del Maestro, las tres docentes extendieron el saludo a toda la comunidad educativa: maestros, profesores, preceptores, directivos, auxiliares, equipos de orientación y todas las personas que forman parte de las escuelas.


Porque, como quedó planteado durante la entrevista, enseñar nunca fue solamente pararse frente a un pizarrón.


También es escuchar.


Es mirar.


Es acompañar.


Es poner límites.


Es reconocer un error.


Es ayudar a recuperar una palabra.


Es detectar que algo no está bien.


Es abrir una puerta.


Y, muchas veces, es convertirse en ese adulto que un estudiante recuerda muchos años después, cuando ya dejó atrás aquella escuela, pero todavía puede decir: 'Yo me acuerdo de vos'.


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