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LUCIA DELLA BRUNA - Adultez mayor: la importancia de sociabilizar, moverse y trabajar la coordinación
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Hora: 17:42
LUCIA DELLA BRUNA - Adultez mayor: la importancia de sociabilizar, moverse y trabajar la coordinación

En una nueva columna sobre el cuidado y el buen trato de los adultos mayores en Mass Radio 94.3, Lucía Della Bruna abordó dos aspectos que muchas veces parecen cotidianos y que, sin embargo, tienen una enorme importancia en el proceso de envejecimiento: la sociabilización y la coordinación.


La propuesta partió de una pregunta amplia: ¿cómo se llega a una adultez mayor plena, activa y con lucidez? Para Lucía, no existe una única respuesta, pero sí hay hábitos y espacios que pueden contribuir de manera significativa. Entre ellos, destacó la necesidad de mantener una vida social activa, encontrar actividades que generen interés y placer y, al mismo tiempo, continuar estimulando el cuerpo y el cerebro mediante movimientos y ejercicios de coordinación.


La vida social también es una forma de cuidado


Durante la charla, Lucía tomó como disparador algunas figuras públicas que, a edades avanzadas, continúan mostrando una gran vitalidad, actividad y lucidez. Más allá de las diferencias económicas, profesionales y personales, planteó que hay un elemento que merece ser observado: la permanencia de una vida activa y social.


La columnista señaló que el hecho de mantenerse vinculados con otras personas, continuar trabajando cuando se desea y se puede, desarrollar hobbies, salir, participar de actividades culturales y sostener vínculos puede influir positivamente en la manera en que se transita la adultez mayor.


En ese sentido, hizo especial hincapié en una situación que puede aparecer después de la jubilación. Para muchas personas, durante décadas el trabajo no solamente fue una fuente de ingresos, sino también su principal espacio de sociabilización.


Allí estaban los compañeros, los clientes, los vecinos, las conversaciones cotidianas y una rutina que obligaba a salir de casa. Cuando llega la jubilación, si no existen otras actividades o vínculos que ocupen ese lugar, puede aparecer un vacío difícil de llenar.


'Trabajo y casa' puede convertirse entonces en un esquema demasiado reducido para una etapa de la vida que todavía puede tener muchos años por delante.


Lucía explicó que observa esta situación particularmente en adultos mayores que construyeron prácticamente toda su vida social alrededor del trabajo. Personas que durante años pasaron muchas horas en un comercio, una empresa o trabajando en la calle y que, al dejar esa actividad, pierden también buena parte de los contactos cotidianos que tenían.


Por eso, su propuesta es no esperar a que la familia sea la única fuente de compañía.


No quedarse en casa esperando una visita


Uno de los conceptos centrales de la columna fue la necesidad de que los adultos mayores puedan priorizar también sus propios intereses.


Lucía cuestionó esa costumbre de organizar el día alrededor de una posible visita de los hijos, los nietos u otros familiares. Esperar durante horas porque 'capaz viene mi hijo' o 'capaz viene mi nieto' puede significar perder otras oportunidades de encuentro.


La alternativa que propone es sencilla pero significativa: si existe una actividad que interesa, hay que hacerla. Si hay una película para ver, ir al cine. Si hay una obra, asistir al teatro. Si existe un grupo de amigos, encontrarse. Si hay un hobby pendiente, retomarlo.


En su propia experiencia con grupos de adultos mayores, Lucía busca justamente generar esas oportunidades. Contó que comparte las propuestas culturales que se realizan en el Teatro Italiano para estimular a las personas a salir de sus casas y encontrarse con otros. Incluso destacó la existencia de horarios y entradas accesibles que pueden facilitar la participación.


La respuesta, según relató, también muestra que muchas veces alcanza con generar el primer impulso. Dentro de los grupos hay personas que ya tienen sus círculos de amigos y otras que concurren de manera más individual. La invitación, entonces, es también a animarse a compartir una actividad con alguien con quien quizás todavía no existe una relación cercana.


Dos personas que tengan ganas de ir al cine pueden encontrarse, compartir una película y, a partir de esa experiencia, construir un nuevo vínculo.


La soledad también puede ser consecuencia de una jubilación sin nuevos espacios


La conversación permitió poner el foco en una transformación social que también puede afectar a las futuras generaciones de adultos mayores.


Lucía consideró que las generaciones actuales tienen, en principio, más posibilidades de construir vínculos por fuera del trabajo: existen actividades culturales, deportivas, educativas, recreativas y diferentes espacios de encuentro.


Sin embargo, también apareció una pregunta interesante: ¿qué ocurrirá en el futuro con las generaciones que hoy construyen gran parte de sus vínculos a través de las redes sociales?


Durante la charla se mencionó el concepto de 'enjambre digital' del filósofo Byung-Chul Han, para pensar una paradoja de la vida contemporánea: tener contacto con muchísimas personas a través de las redes y, al mismo tiempo, carecer de vínculos presenciales sólidos.


El interrogante planteado fue qué sucederá cuando esas personas lleguen a la adultez mayor si gran parte de sus relaciones actuales permanecen exclusivamente en el ámbito virtual.


La reflexión se contrapuso con la experiencia de generaciones anteriores, para las cuales el trabajo podía funcionar como una verdadera red social presencial. Lucía contó el ejemplo de familiares que durante décadas trabajaron en un mismo lugar y allí construyeron vínculos con numerosas personas. Al jubilarse, esos contactos cotidianos desaparecieron y no necesariamente fueron reemplazados por nuevas actividades.


Por eso, la sociabilización no debería comenzar recién cuando llega la jubilación. Construir intereses, amistades y espacios propios a lo largo de toda la vida también puede ser una manera de prepararse para una adultez mayor activa.


La coordinación: mucho más que hacer ejercicio


Después de detenerse en la importancia de la vida social, Lucía retomó el eje específico de la columna: la coordinación.


Y explicó que se trata de algo que está presente permanentemente en la vida cotidiana, aunque casi nunca seamos conscientes de ello.


Atarse los cordones, bajar un escalón, caminar y girar, tomar un vaso, llevar bolsas del supermercado o realizar diferentes acciones simultáneamente son movimientos que el cuerpo aprende y automatiza.


La coordinación funciona junto con el equilibrio y la acción de los músculos para permitir que esas tareas se desarrollen de manera natural. Lucía utilizó una imagen sencilla para explicarlo: el cerebro funciona como una especie de orquesta en la que diferentes partes del cuerpo deben trabajar conjuntamente.


El problema aparece cuando esas capacidades comienzan a disminuir.


Según señaló Lucía, alrededor de los 60 años puede comenzar a observarse un descenso de la coordinación, acompañado por otros cambios relacionados con la fuerza y la masa muscular. En ese contexto, recordó un dato que ya había sido abordado en columnas anteriores: uno de cada tres adultos mayores se cae al menos una vez al año, situación que puede estar relacionada con dificultades de coordinación, equilibrio y fuerza.


Pero una caída no termina necesariamente cuando la persona se levanta.


Puede comenzar un círculo difícil de romper: después de una caída aparece el miedo a volver a caerse, ese temor puede llevar a reducir los movimientos y la actividad física y, con el tiempo, la pérdida de movimiento puede generar mayor pérdida de fuerza, equilibrio y coordinación.


Por eso, para Lucía, la clave está en seguir trabajando esas capacidades de manera constante.


Ojos, manos, pies y cerebro trabajando juntos


Uno de los ejemplos más claros de coordinación es la coordinación óculo-manual.


Enhebrar una aguja, tomar un lápiz, abrochar un botón, cerrar un cierre o manipular objetos pequeños requieren que los ojos y las manos trabajen conjuntamente. Son movimientos que parecen simples porque fueron incorporados durante años, pero que requieren una compleja interacción entre distintas capacidades.


Lo mismo ocurre con acciones mucho más grandes: caminar, doblar en una esquina, detenerse, volver sobre los propios pasos o reaccionar ante un cambio en el camino.


Lucía explicó que la reacción puede volverse más lenta con el paso de los años, pero justamente por eso es necesario continuar estimulándola.


La coordinación también aparece cuando una persona camina mientras lleva algo en las manos, sostiene un vaso de agua sin volcarlo, carga bolsas o realiza otra acción mientras se desplaza. Incluso acciones aparentemente triviales, como caminar y hablar al mismo tiempo, implican que diferentes partes del cuerpo estén realizando tareas simultáneas.


La conclusión de Lucía es clara: si una capacidad se utiliza, se estimula; si se deja de utilizar, recuperar luego ese movimiento puede resultar más difícil.


Ejercicios simples para practicar coordinación en casa


Durante la columna, Lucía llevó algunos ejercicios concretos para que los oyentes pudieran practicarlos.


La primera recomendación fue realizar los ejercicios sentados utilizando una silla firme, estable y que no se deslice, como medida básica de seguridad.


Marcha sentada y aplausos


Sentados en una silla, se realiza una marcha levantando alternativamente los pies.


La dificultad aparece después: cada dos o tres movimientos de marcha hay que realizar un aplauso, pero sin detener el movimiento de las piernas.


Es decir:


continuar marchando con los pies;


cada tres pasos aproximadamente, realizar un aplauso;


mantener el movimiento de las piernas mientras se aplaude;


intentar que ambas acciones se realicen simultáneamente.


El ejercicio trabaja la coordinación disociada entre manos y pies. Al principio puede ocurrir que, al intentar aplaudir, las piernas se detengan. Justamente allí está el desafío: practicar hasta conseguir que ambas acciones puedan realizarse al mismo tiempo.


Círculo con una mano y triángulo con la otra


Otro de los ejercicios consiste en utilizar ambas manos para realizar movimientos diferentes.


Con una mano se dibuja un círculo y con la otra se intenta dibujar un triángulo, incluso en el aire.


También puede hacerse sobre una hoja. La dificultad está precisamente en lograr que cada mano ejecute una acción diferente al mismo tiempo.


Movimientos con una naranja


Otra posibilidad es utilizar una naranja u otro objeto similar.


Con una mano se pueden realizar movimientos circulares sobre una mesa mientras con la otra se desliza la naranja hacia adelante y hacia atrás.


La intención no es hacer un ejercicio de fuerza, sino estimular la capacidad del cerebro para coordinar acciones diferentes simultáneamente.


Pie adelante, al costado y atrás


También se pueden realizar ejercicios de pie, siempre tomando como apoyo una silla firme.


La propuesta es llevar un pie hacia adelante, luego hacia un costado y finalmente hacia atrás.


La dificultad puede aumentar incorporando los brazos: cuando un pie va hacia adelante, el brazo contrario se mueve hacia atrás.


Otra variante puede realizarse sentado, levantando una pierna y, simultáneamente, el brazo contrario.


Son ejercicios sencillos que buscan estimular la coordinación entre diferentes partes del cuerpo y, al mismo tiempo, trabajar la reacción y el equilibrio.


Diez minutos diarios pueden convertirse en un hábito


Para Lucía, no se trata de transformar la casa en un gimnasio ni de buscar un rendimiento físico determinado. El objetivo es mucho más concreto: preservar la autonomía.


Por eso, planteó que unos diez minutos diarios de ejercicios de coordinación pueden ser suficientes para incorporar este tipo de estímulos a la rutina.


También remarcó la importancia de prestar atención al calzado al momento de caminar y de mantener una buena perspectiva del espacio, evitando desplazarse permanentemente mirando hacia abajo. Todo forma parte de las estrategias cotidianas para reducir el riesgo de caídas.


Y hay un punto especialmente importante: estos ejercicios no son exclusivos de los adultos mayores.


La coordinación óculo-manual también se desarrolla durante la infancia, por ejemplo al aprender a tomar un lápiz, utilizar un broche, abrochar y desabrochar prendas o subir y bajar cierres. Son capacidades que se entrenan desde pequeños y que continúan siendo necesarias durante toda la vida.


Cuidar también es estimular la autonomía


La columna de Lucía Della Bruna dejó así dos mensajes que se complementan.


Por un lado, sociabilizar es parte del cuidado. Salir, encontrarse con otras personas, participar de actividades culturales, sostener amistades, descubrir nuevos intereses y no depender exclusivamente de las visitas familiares puede contribuir a una adultez mayor más activa y plena.


Por otro, moverse y coordinar también es cuidar. Muchas de las acciones que realizamos todos los días dependen de capacidades que damos por sentadas, hasta que empiezan a costarnos.


Trabajarlas antes de que aparezca una dificultad importante permite sostener la acción, la reacción y, fundamentalmente, la autonomía.


En definitiva, la propuesta de Lucía no apunta a perseguir un modelo de envejecimiento ideal, sino a algo mucho más cotidiano: seguir haciendo, seguir saliendo, seguir encontrándose con otros y seguir estimulando el cuerpo y el cerebro para conservar la mayor independencia posible.


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