En una nueva edición de su columna dedicada a las personas mayores, la profesora de Educación Física e instructora especializada en gerontología, Lucía Della Bruna, abordó una temática que suele estar rodeada de prejuicios: la vida en las residencias geriátricas y el cuidado de quienes transitan la vejez.
Durante la entrevista, explicó que en Chacabuco menos del 4% de las personas mayores viven en instituciones de larga estadía, una cifra que demuestra que la enorme mayoría continúa residiendo en sus propios hogares.
Della Bruna recordó además un dato demográfico que invita a reflexionar sobre el futuro: según el Censo 2022, alrededor del 12% de la población argentina tiene más de 65 años. Este fenómeno, acompañado por una disminución en la tasa de natalidad, anticipa un cambio profundo en la estructura poblacional.
"En los próximos años habrá cada vez más personas mayores y menos jóvenes. Es una realidad para la que debemos prepararnos como sociedad", señaló.
La especialista sostuvo que, siempre que sea posible y exista autonomía, la mejor opción es que el adulto mayor permanezca en su hogar, manteniendo sus vínculos, costumbres y rutinas.
Sin embargo, explicó que existen situaciones en las que las necesidades de cuidado aumentan y requieren atención permanente. En esos casos, las residencias geriátricas representan una alternativa segura y profesional.
"Cuando una persona necesita cuidados continuos, supervisión médica o asistencia permanente, estos lugares están preparados para brindar la atención adecuada", expresó.
Uno de los puntos centrales de la charla fue derribar el imaginario social que suele asociar el ingreso a un geriátrico con el abandono familiar.
Lucía remarcó que esa idea no siempre refleja la realidad y que muchas veces estas instituciones ofrecen mejores condiciones para garantizar una atención personalizada y segura.
"Existe esa sensación de abandono en el imaginario colectivo, pero muchas veces las residencias son los mejores lugares para brindar cuidados individuales, porque cuentan con personal capacitado y espacios adaptados."
También destacó que no todas las personas llegan a estos espacios por decisión de terceros. En algunos casos, son los propios adultos mayores quienes eligen ingresar voluntariamente, buscando compañía, seguridad y una mejor calidad de vida.
Otro aspecto importante fue la adaptación de las instalaciones para responder a las necesidades propias del envejecimiento: accesibilidad, prevención de caídas, asistencia permanente y actividades pensadas para favorecer la autonomía y el bienestar.
Finalmente, Della Bruna dejó una reflexión que resume la filosofía del cuidado centrado en la persona:
"Cuidar es acompañar, no decidir por el otro."
Una frase que invita a comprender que el verdadero acompañamiento implica respetar la voluntad, la dignidad y la autonomía de las personas mayores, promoviendo siempre su participación en las decisiones sobre su propia vida.