Search
Lunes, 05 de Octubre de 2026 16:50 hs. Clima: 22.1º
LUCIA DELLA BRUNA - Peregrinación a Luján: adultos mayores, movimiento y el desafío de recuperarse después de caminar
Hoy en día .
Hora: 15:32
LUCIA DELLA BRUNA - Peregrinación a Luján: adultos mayores, movimiento y el desafío de recuperarse después de caminar

La reciente peregrinación a Luján fue el eje de la última columna de buen trato a los adultos mayores de Lucía Della Bruna, quien compartió su propia experiencia durante la caminata y puso el foco en la importante presencia de personas mayores entre quienes participaron.


Más allá de la dimensión religiosa de la peregrinación, Della Bruna propuso mirar el recorrido desde otro lugar: el movimiento, la preparación física, los vínculos y la manera en que cada persona atraviesa una experiencia que puede extenderse durante muchas horas.


'No sé si es la fe lo que te hace caminar, pero te juro que los pies se mueven solos', expresó al relatar el momento en que el cansancio aparece, los dolores se hacen sentir y, sin embargo, el peregrino continúa avanzando.


Una multitud en la que también estuvieron los adultos mayores


Della Bruna contó que, según las estimaciones mencionadas durante la conversación, la peregrinación reunió a alrededor de 2,7 millones de personas. Más allá de la cifra, destacó que se trató de una experiencia particularmente multitudinaria, incluso teniendo en cuenta las condiciones climáticas y la lluvia que acompañó buena parte del recorrido.


Dentro de esa enorme cantidad de peregrinos, observó una presencia significativa de adultos mayores. En su experiencia, aproximadamente dos o tres de cada diez personas que veía entre los peregrinos podían ubicarse dentro de ese grupo etario. Habló especialmente de personas de 60, 70 y 80 años que realizaron distintos tramos del recorrido.


'Yo creo que de diez jóvenes, pongamos, hay dos o tres adultos mayores', relató.


Pero también destacó una particularidad: los adultos mayores no necesariamente peregrinaban formando grupos exclusivamente de personas de su misma edad. Por el contrario, muchas veces estaban acompañados por familiares, jóvenes, grupos religiosos o amigos.


Para Della Bruna, esa imagen también habla de una forma de acompañamiento intergeneracional: jóvenes que asisten y acompañan a personas mayores, pero también adultos mayores que, a pesar del cansancio y las dificultades físicas, continúan realizando el recorrido a su propio ritmo.


Cada uno llega de acuerdo con sus posibilidades


Uno de los aspectos que más llamó la atención de Della Bruna fue que la peregrinación no se planteó como una competencia.


Hay quienes recorren grandes distancias, otros que se incorporan en distintos puntos del trayecto y también quienes realizan solamente una parte. Rodríguez, por ejemplo, representa para muchos peregrinos un punto de incorporación, aunque incluso desde allí quedan alrededor de 20 kilómetros hasta Luján.


En el caso de los adultos mayores, señaló que muchas veces el ritmo es más pausado, con pasos cortos y adaptados a las posibilidades de cada persona.


Y allí aparece una enseñanza que Della Bruna trasladó directamente al trabajo con adultos mayores: no importa quién llega primero, sino poder llegar de acuerdo con las propias posibilidades.


'Lo importante es llegar', remarcó. La peregrinación, sostuvo, no mide quién tardó diez horas, quién tardó quince o quién hizo solamente un tramo. Cada persona encuentra su propia manera de participar.


La experiencia también está en los pequeños detalles


Durante el recorrido, Della Bruna observó algo que le llamó especialmente la atención en los adultos mayores: muchos no caminaban solamente para pedir por ellos mismos.


Escuchó pedidos relacionados con hijos, nietos y familiares, pero también agradecimientos. Algunos llevaban pequeños objetos o prendas de sus nietos como ofrendas y otros caminaban para agradecer por la vida de personas queridas.


'Lo que más veo en el adulto mayor es esto de agradecer', contó.


Para la columnista, esa mirada permite entender la peregrinación como algo que va más allá del desplazamiento físico. Está la caminata, pero también están los vínculos, la memoria, la fe, el agradecimiento y las personas por las que cada uno realiza el recorrido.


Y, además, están quienes no pueden caminar.


Della Bruna remarcó que una persona mayor que no está en condiciones de realizar el trayecto completo también puede formar parte de la peregrinación. Puede acompañar, esperar a los peregrinos, rezar, prepararles comida o simplemente estar pendiente de ellos.


'Es una peregrinación en conjunto, no es solo el camino. Nadie va solo', sintetizó.


La preparación es importante, especialmente en los adultos mayores


La experiencia de Luján también llevó a Della Bruna a recuperar uno de los conceptos que viene desarrollando en sus columnas: la importancia de preparar el cuerpo para las actividades que queremos realizar.


Caminar varias horas, y especialmente recorrer distancias cercanas a los 60 kilómetros, no puede compararse con una caminata habitual de la vida cotidiana.


Para un adulto mayor, además, pueden aparecer dolores y limitaciones que forman parte de la vida diaria: artrosis, molestias musculares, problemas en las rodillas y otras situaciones que pueden hacerse más presentes con el paso de los años.


Por eso, Della Bruna consideró que cuanto mejor preparado llegue el cuerpo, menor será el impacto del esfuerzo. Eso no significa que una persona pueda estar completamente preparada para caminar semejante distancia, pero sí que la actividad física sostenida puede ayudar a afrontar mejor determinados desafíos.


También destacó que una de las claves está en utilizar un calzado que ya haya sido probado y utilizado previamente, evitando estrenar zapatillas durante una caminata de tantas horas.


Parar también es parte de caminar


Otro de los consejos que surgieron durante la conversación fue la importancia de realizar pausas.


Della Bruna contó que existen recomendaciones para detenerse aproximadamente cada hora, levantar las piernas y realizar algunos ejercicios de movilidad y elongación. Sin embargo, cada persona debe encontrar su propio ritmo y reconocer cuándo necesita descansar.


En la peregrinación, observó que muchas personas mayores avanzaban a un ritmo más lento, pero sostenido.


Y esa también puede ser una enseñanza para la vida cotidiana: no se trata de hacer más rápido, sino de encontrar un ritmo que permita sostener la actividad.


¿Qué hacer después de una caminata exigente?


Uno de los momentos centrales de la columna llegó cuando se habló de la recuperación posterior a la peregrinación.


Para Della Bruna, especialmente en el caso de los adultos mayores, recuperarse no significa quedarse completamente quieto durante días.


Por el contrario, recomendó mantener una movilidad suave, realizar elongaciones y continuar con actividades que permitan movilizar el cuerpo, siempre de acuerdo con las posibilidades de cada persona.


'No quedarnos quietos para nada, sino todo ejercicio de movilidad que podamos hacer', explicó.


Entre sus recomendaciones mencionó caminar suavemente, realizar ejercicios de movilidad y elongación, levantar las piernas para favorecer la circulación después de haber permanecido tantas horas de pie y mantener una buena hidratación.


También hizo hincapié en no intentar retomar inmediatamente la actividad física intensa. La recuperación debe ser progresiva: volver a moverse, pero sin exigir al cuerpo de golpe.


En ese sentido, el consejo fue claro: descansar sí, pero no paralizarse.


Movimiento, autonomía y vida social


La experiencia de la peregrinación se vinculó también con otro tema que Della Bruna suele abordar: la importancia de que los adultos mayores mantengan actividades y espacios de encuentro.


Durante la entrevista contó que, pocos días antes, había participado junto con un grupo de aproximadamente 60 adultos mayores de una salida a las termas de Tapalqué. El viaje incluyó también otras actividades y permitió compartir una jornada fuera de la rutina.


Lo que más destacó fue que, incluso después de una jornada extensa, muchos de los integrantes del grupo continuaban participando de las actividades habituales de la colonia.


Para Della Bruna, esto demuestra que estos espacios no funcionan solamente como lugares donde se realiza actividad física. También generan pertenencia, vínculos y socialización.


'Somos parte de su vida', explicó al referirse al vínculo que se genera con los adultos mayores que participan de la colonia.


La actividad física, entonces, aparece integrada a una propuesta mucho más amplia: salir de casa, encontrarse con otras personas, asumir compromisos, sostener horarios y sentirse parte de un grupo.


Una peregrinación que no termina en Luján


La columna terminó ampliando el concepto de peregrinar.


Para Della Bruna, no solamente peregrina quien recorre kilómetros caminando. También lo hace quien acompaña, quien prepara una mochila, quien cocina para el que va, quien espera en la llegada, quien reza o quien simplemente está atento a que otro pueda completar su recorrido.


Por eso, la experiencia de Luján se transformó en una reflexión sobre el envejecimiento activo, el movimiento y los vínculos.


La presencia de adultos mayores en la peregrinación mostró, una vez más, que la edad no necesariamente determina hasta dónde puede llegar una persona. Cada uno tiene sus posibilidades, sus tiempos y sus límites, pero también puede encontrar la manera de participar.


Y para quienes realizaron una caminata exigente, el mensaje posterior de Della Bruna fue sencillo: moverse, elongar, hidratarse, descansar cuando sea necesario y volver progresivamente a la actividad, sin quedarse completamente quietos. 


Noticias Relacionadas