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LUCIA DELLA BRUNA - Día del Jubilado: Lucía propuso recuperar el sentido de jubilarse como una etapa de disfrute, tiempo y nuevos proyectos
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LUCIA DELLA BRUNA - Día del Jubilado: Lucía propuso recuperar el sentido de jubilarse como una etapa de disfrute, tiempo y nuevos proyectos

En una nueva edición de su columna sobre el buen trato hacia los adultos mayores, Lucía Della Bruna dedicó el espacio a reflexionar sobre el Día del Jubilado, que se conmemoró ayer, 20 de septiembre. Más allá del saludo y del reconocimiento a quienes atravesaron una vida laboral, la fecha sirvió como punto de partida para pensar qué significa realmente jubilarse, cómo se transita el cambio de rutina y por qué esta etapa debería estar asociada al descanso, al disfrute, a los proyectos y a la posibilidad de disponer del propio tiempo.


El 20 de septiembre no es una fecha elegida al azar. En Argentina, el origen de esta conmemoración está vinculado con un hecho ocurrido en 1904: ese día se creó la primera caja de jubilaciones destinada a empleados del Estado. Desde entonces, la fecha quedó asociada a la celebración y al reconocimiento de quienes llegan a la etapa jubilatoria.


En la conversación, Della Bruna destacó además la dimensión de la palabra 'jubilar'. Según explicó, su raíz está relacionada con el latín jubilare, asociado a gritar de alegría, celebrar y festejar. Desde esa perspectiva, propuso recuperar una mirada que muchas veces queda desplazada por las dificultades económicas, sociales o incluso por los propios prejuicios que existen alrededor de la vejez: jubilarse no debería significar dejar de ser una persona activa, productiva o con proyectos.


Por el contrario, para Lucía debería representar la posibilidad de mirar hacia atrás y reconocer todo lo realizado para, a partir de allí, disponer del tiempo de otra manera.


'Jubilarse no es dejar de ser una persona activa', fue una de las ideas centrales de la columna. La jubilación puede ser el momento de decir: 'Ya hice todo lo que tenía que hacer y ahora es el momento de disfrutarlo para mí', planteó.


El tiempo como un premio al trabajo de toda una vida


Uno de los ejes más fuertes de la reflexión fue precisamente el valor del tiempo.


Durante la vida laboral, explicó Della Bruna, muchas personas organizan prácticamente toda su existencia alrededor de horarios, obligaciones, responsabilidades y rutinas. Levantarse temprano, cumplir una jornada, viajar, regresar a casa, ocuparse de la familia y resolver las tareas cotidianas deja poco espacio para aquellas actividades que simplemente se hacen porque generan placer.


Por eso, la jubilación debería permitir recuperar ese tiempo.


La imagen que propuso es sencilla: levantarse sin la obligación de hacerlo a determinada hora, salir a caminar, sentarse a tomar un café, encontrarse con alguien, tomar mate tranquilamente o simplemente disponer de una mañana sin tener que rendir cuentas frente al reloj.


'Eso debería ser jubilarse, poder dedicar nuestro tiempo para nosotros', resumió.


La idea adquiere todavía más sentido cuando se compara con la vida cotidiana de quienes todavía trabajan. Muchas veces, un feriado o un día libre termina convirtiéndose en una carrera contra el tiempo: hacer mandados, limpiar, visitar a alguien, salir, descansar y tratar de resolver en unas pocas horas todo aquello que durante la semana laboral quedó pendiente.


Para Lucía, la jubilación debería ofrecer justamente lo contrario: la posibilidad de dejar de vivir permanentemente a las corridas.


No se trata solamente de 'tener tiempo', sino de poder apropiarse de ese tiempo y decidir qué hacer con él.


La jubilación también puede ser un cambio de identidad y de rutina


Sin embargo, Della Bruna también señaló que el paso de la vida laboral a la jubilación no siempre resulta sencillo.


El trabajo, incluso cuando puede ser agotador, estructura la vida cotidiana. Hay horarios, compañeros, responsabilidades, objetivos y una rutina que organiza los días. Por eso, cuando todo eso desaparece de un momento para otro, puede aparecer una pregunta difícil: '¿Y ahora qué hago?'.


La experiencia de jubilarse puede ser muy diferente según la persona y según el vínculo que haya tenido con su trabajo. Para algunos, abandonar una actividad laboral que disfrutaban puede generar un vacío importante. Para otros, puede significar una liberación largamente esperada.


En la columna apareció justamente esa diversidad.


Della Bruna recordó el caso de personas que, después de jubilarse, inicialmente atravesaron un período de desconcierto, pero luego encontraron nuevas actividades y comenzaron a disfrutar de una rutina diferente. También mencionó el caso de una persona jubilada de la docencia que decidió cambiar sus prioridades y dejar de dedicar tiempo y dinero a arreglar permanentemente su casa para poder viajar, hacer regalos o realizar aquellas actividades que realmente tenía ganas de hacer.


La anécdota permite pensar que jubilarse también puede implicar una reorganización de las prioridades.


Después de décadas de cumplir obligaciones, puede aparecer la oportunidad de preguntarse qué cosas se quieren hacer simplemente porque producen satisfacción.


Seguir activos no significa seguir trabajando


Otro de los conceptos que Lucía buscó remarcar es que actividad y trabajo no son sinónimos.


Una persona jubilada puede continuar siendo activa sin necesidad de volver a reproducir la lógica laboral de su vida anterior.


Puede caminar, estudiar, hacer actividad física, aprender algo nuevo, participar de talleres, realizar actividades artísticas, encontrarse con amigos, viajar, cuidar una huerta, hacer manualidades o involucrarse en actividades comunitarias.


En ese sentido, Della Bruna puso especial énfasis en evitar la idea de que la jubilación equivale a quedarse quieto.


'Quedarnos quietos' puede terminar siendo perjudicial, sostuvo, y por eso invitó a pensar qué actividad puede encontrar cada persona para ocupar ese tiempo de una manera significativa.


No necesariamente debe tratarse de una actividad exigente ni de algo que genere dinero. Puede ser una actividad elegida por placer.


Aprender después de jubilarse: nunca es tarde


Otro de los mensajes que atravesó la columna fue la importancia de continuar aprendiendo.


Della Bruna recordó que la jubilación no debería instalar la idea de que una persona ya es 'demasiado grande' para aprender. En ese sentido, mencionó casos de docentes jubiladas que continúan estudiando y también destacó que aprender no necesariamente significa comenzar una carrera universitaria.


Puede ser aprender a utilizar mejor un teléfono celular, hacer una videollamada, manejar una computadora, realizar un curso, desarrollar una actividad artística o simplemente animarse a resolver algo que antes parecía difícil.


La propia Lucía contó una experiencia personal vinculada con la tecnología: frente a una tarea que inicialmente pensó que no iba a poder realizar, decidió buscar la manera de hacerla por sus propios medios y finalmente lo consiguió. La satisfacción posterior, explicó, fue importante justamente porque había logrado superar una dificultad que al principio parecía mayor.


Ese ejemplo permite trasladar la reflexión a los adultos mayores: aprender algo nuevo no solamente incorpora una herramienta, sino que también genera autonomía, confianza y satisfacción personal.


El arte, la creatividad y el movimiento como parte del buen trato


La columna también puso en valor las actividades artísticas.


Della Bruna contó experiencias desarrolladas en la colonia, donde se incorporó un taller de arte en el que los participantes pudieron crear diferentes trabajos y hasta presentar producciones en los Torneos Bonaerenses.


También mencionó actividades de reciclado, como la transformación de envases y latas en macetas. Son propuestas aparentemente sencillas, pero que permiten mantener activa la mente, estimular la creatividad, compartir con otras personas y generar un objeto propio.


La importancia no está solamente en el resultado final.


Está en todo lo que ocurre durante el proceso: pensar, crear, conversar, compartir, aprender y sentirse capaz de hacer algo nuevo.


En palabras de Lucía, se trata de no quedarse quieto, de utilizar el tiempo en algo que genere bienestar y de mantener tanto el cuerpo como la mente activos.


Caminar, salir y recuperar el contacto con el entorno


La actividad física fue otro de los ejes de la conversación.


Con la llegada de la primavera, Della Bruna señaló que se presenta una oportunidad especialmente favorable para recuperar actividades al aire libre. Caminar hacia la plaza, hacer mandados a pie, encontrarse con otras personas o simplemente salir de casa permite combinar movimiento, contacto con el sol y socialización.


La propuesta no pasa necesariamente por grandes esfuerzos.


Puede comenzar con algo tan sencillo como volver a caminar unas cuadras que antes se hacían habitualmente y que se fueron abandonando. A partir de allí, aumentar progresivamente la distancia.


La primavera aparece así como una invitación a recuperar el espacio público y a encontrarse con otras personas, algo que forma parte de un envejecimiento activo y de una vida social saludable.


Viajar y cumplir los proyectos pendientes


Dentro de la conversación también apareció el tema de los viajes.


Una oyente compartió la historia de sus abuelos, quienes después de jubilarse vendieron algunas cosas y compraron una casilla para recorrer distintos lugares. La experiencia permitió volver sobre una idea que Della Bruna considera importante: muchas personas esperan a jubilarse para concretar proyectos que durante la vida laboral quedaron postergados.


Viajar puede ser uno de ellos.


Pero también puede tratarse de estudiar, hacer una actividad artística, retomar una amistad, aprender algo nuevo o simplemente tener tiempo para aquello que durante años quedó relegado.


En la columna, incluso, surgió el ejemplo de quienes tienen como objetivo conocer lugares que requieren determinadas condiciones físicas para recorrerlos. La reflexión fue clara: mientras sea posible y estén dadas las condiciones, hay proyectos que vale la pena intentar.


No hay que pensar la jubilación como el comienzo de una etapa de limitaciones, sino como una etapa que también puede estar llena de posibilidades.


El turismo social y el derecho al disfrute


La conversación llevó además a recordar los viajes y complejos de turismo social destinados históricamente a trabajadores y jubilados.


Della Bruna recordó particularmente los complejos de Chapadmalal y Embalse y la posibilidad que representaban para muchas familias y adultos mayores que, de otra manera, quizás nunca hubieran podido conocer determinados lugares.


En ese contexto, destacó el valor que tenían esos viajes para personas que pudieron conocer el mar por primera vez gracias a este tipo de políticas.


El recuerdo también permitió introducir una dimensión más amplia del buen trato: el derecho al descanso, al ocio, al turismo y al disfrute no debería ser pensado como un lujo reservado para quienes tienen mayores recursos.


Para muchas personas mayores, esas experiencias podían significar mucho más que unas vacaciones: eran la posibilidad de conocer otros lugares, compartir con pares, realizar excursiones, bailar, hacer actividad física y disfrutar de un tiempo especialmente pensado para ellas.


Siete millones de personas que también tienen proyectos


Durante la columna, Della Bruna señaló que en Argentina hay alrededor de siete millones de jubilados y utilizó una comparación para dimensionar esa cantidad: sería una población equivalente, aproximadamente, a la de un país entero como Paraguay.


Más allá de la cifra, el planteo fue pensar a las personas jubiladas no como un grupo homogéneo ni únicamente como destinatarias de asistencia, sino como personas con historias, conocimientos, deseos, capacidades y proyectos diferentes.


Por eso, hablar del buen trato implica también escuchar.


Lucía invitó a los propios jubilados a contar qué hacían antes de jubilarse y qué hacen actualmente. La pregunta parece sencilla, pero encierra una reflexión importante: ¿qué ocurre con una persona cuando deja de trabajar? ¿Qué conserva? ¿Qué transforma? ¿Qué descubre? ¿Qué cosas que siempre quiso hacer puede finalmente comenzar?


Cada respuesta puede ser diferente.


Jubilarse debería ser el premio por una vida de trabajo


La reflexión final de la columna vuelve al significado más profundo de la palabra.


Si jubilarse está asociado a celebrar, entonces debería existir la posibilidad concreta de vivir esa etapa con alegría.


Después de una vida de trabajo, de horarios, responsabilidades y obligaciones, la jubilación debería representar un tiempo ganado. Un momento en el que una persona pueda levantarse sin apuro, caminar, tomar un café, estudiar, viajar, crear, encontrarse con otros, descansar o simplemente disfrutar de una mañana sin reloj.


Eso no significa que todas las personas deban hacer lo mismo. Tampoco que jubilarse implique dejar de producir o dejar de participar de la sociedad.


Significa poder elegir.


Elegir qué hacer con el tiempo después de haber pasado buena parte de la vida cumpliendo horarios y obligaciones.


Por eso, en el Día del Jubilado, la mirada propuesta por Lucía Della Bruna va más allá del saludo formal. Hablar de buen trato hacia los adultos mayores también significa reconocer su derecho al tiempo, al descanso, a la actividad, al aprendizaje, al vínculo con otros y al disfrute.


La jubilación, en definitiva, no tendría que ser entendida como el final de una vida activa.


Puede ser el comienzo de una etapa en la que, después de tantos años trabajando para sostener una vida, finalmente exista la posibilidad de vivirla con un poco más de tiempo para uno mismo.


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